Diez años pueden parecer una eternidad en el calendario. Para la familia renguera, en cambio, son apenas los kilómetros necesarios para volver a encontrarse. El sábado 15 de agosto de 2026, La Renga regresó a Jujuy y convirtió la Ciudad Cultural en el epicentro de una peregrinación rockera que llegó desde todos los rincones del país y también cruzó fronteras.

Fueron miles de personas las que participaron del banquete. Pero el número cuenta apenas una parte de la historia: aproximadamente el 70% del público llegó desde otras provincias y países, entre ellos Uruguay, mientras que el 30% correspondió a residentes jujeños.
San Salvador de Jujuy empezó a renguear mucho antes de que se encendieran las luces. Durante el sábado, Alto Padilla se llenó de remeras, banderas, puestos de merchandising artesanal y grupos de amigos llegados desde Chaco, Buenos Aires, Córdoba y prácticamente todas las provincias. La ruta volvió a ser parte del ritual: colectivos, autos y contingentes de “Los Mismos de Siempre” fueron llegando con una única coordenada en el GPS.
La ciudad, por unas horas, dejó de ser solamente Jujuy. Fue territorio renguero.
Diez años después
La última visita había sido el 12 de julio de 2016, durante la gira Pesados Vestigios. La Renga había tocado entonces en el Complejo Sandoval. Antes, en 2004, había pasado por la discoteca Astros.
El concierto de 2026 se convirtió así en el tercer gran capítulo de la historia de La Renga en Jujuy y en el regreso más esperado de una banda que construyó una relación particular con el interior argentino.

La expectativa no era exagerada. Desde días antes, la ocupación hotelera había llegado al 100% y la provincia se preparaba para recibir una verdadera marea de visitantes.
A las 19, La Yugular, banda jujeña, tuvo la responsabilidad de abrir la jornada. Dos horas y media después, aproximadamente a las 21:30, llegó el momento que todos estaban esperando.
Las luces bajaron. Y apareció La Renga.
Un banquete de casi tres horas
Chizzo Nápoli, Tete Iglesias y Tanque Iglesias salieron a escena para desplegar un repertorio que recorrió diferentes momentos de la historia de la banda.
La apertura fue con “Buena ruta hermano”, una elección que parecía escrita para esa noche: porque si hay una palabra capaz de resumir la relación entre La Renga y su público, probablemente sea ruta.

Después llegaron “Motoralmaisangre”, “Nómades”, “Tripa y corazón”, “Buena pipa” y “A la carga mi rocanrol”. El repertorio avanzó por distintas etapas de la banda con “Ese lugar de ninguna parte”, “En los brazos del sol”, “Vende patria clon”, “A tu lado”, “Poder”, “Montaña roja”, “En bicicleta” y “Ruta 40”.
La maquinaria renguera siguió con “Hay un tirano que es para vos”, “Lo frágil de la locura”, “El rito de los corazones sangrando” y llegó a uno de los momentos más particulares de la noche.
“Paja Brava”.
Cuando Jujuy subió al escenario
Si algo tuvo este recital fue la capacidad de La Renga para convertir su música en territorio.

Durante “Paja Brava”, el escenario dejó de ser solamente rock. Los Caprichosos de Tilcara aparecieron junto a sus músicos y sus tradicionales diablos jujeños, llevando el carnaval de la Quebrada al corazón de un banquete rockero.
Fue una de esas imágenes que difícilmente puedan repetirse en otro lugar: La Renga tocando “Paja Brava” en Jujuy mientras los colores, los personajes y la energía de una de las expresiones culturales más reconocibles de la provincia ocupaban el escenario.
El rock porteño y el carnaval jujeño se encontraron sin pedir permiso.
“La tierra no se vende”
Antes de interpretar “Paja Brava”, Chizzo también dejó uno de los mensajes que más resonaron entre el público local.
“La tierra no se vende”, expresó.

Luego sumó: “La patria argentina no se vende” y llamó a cuidar la tierra, en un mensaje que fue leído en sintonía con los reclamos de comunidades originarias de la región.
En una banda acostumbrada a sostener una mirada crítica sobre el poder, la política y la sociedad, las palabras de Chizzo encontraron en Jujuy un contexto particularmente sensible. No fue solamente una canción. Fue una toma de posición.
El último pedido de la noche

El recorrido musical había pasado por “Balada del diablo y la muerte”, “En el baldío”, “Bien alto”, “La banquina de algún lado”, “Cuándo vendrán”, “El ojo del huracán”, “El juicio del ganso”, “El viento que todo empuja”, “Oscuro diamante” y “La razón que te demora”.
Pero la familia renguera todavía quería más. Después de un primer cierre, la banda volvió para el bis.
Sonaron “Masomenos blues”, “El revelde” y “El final es en donde partí”.
La última palabra la tuvo “Hablando de la libertad”, mientras las imágenes del Indio ocupaban las pantallas y el público cantaba como si quisiera estirar el momento unos minutos más. La Renga había comenzado cerca de las 21:30 y terminó alrededor de las 00:10 del domingo.
EL HOMENAJE
La noche también tuvo un momento de enorme carga emocional.

Durante “Hablando de la libertad”, el tema elegido para cerrar definitivamente el recital, las pantallas gigantes comenzaron a proyectar imágenes del Indio Solari, fallecido el 5 de junio de 2026.
El homenaje ocurrió apenas dos meses después de su muerte y convirtió el cierre en un momento de comunión entre dos generaciones fundamentales del rock argentino.
La imagen del Indio apareció mientras La Renga hacía sonar uno de sus himnos. Y durante unos minutos, el escenario pareció contener buena parte de la memoria del rock nacional.
