De Jujuy a Tucumán: casi 300 corazones ricoteros detrás de una misma bandera


Con La Familia Manija como punto de encuentro, cientos de jujeños viajaron al Hipódromo del Parque 9 de Julio para vivir una noche histórica junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Entre rutas, amistades y canciones, la pasión ricotera volvió a demostrar que no entiende de distancias.

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foto: Gonzalo Guerrero

Hay pasiones que no necesitan demasiadas explicaciones. Alcanzan una fecha, un destino y un grupo de amigos dispuesto a compartir el camino. Para casi 300 jujeños, el sábado 10 de octubre tuvo esos ingredientes: Tucumán como punto de llegada, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado como motivo y La Familia Manija como uno de los grandes motores de una travesía que empezó mucho antes de que sonara el primer acorde.

Desde Jujuy, la columna de viajeros puso rumbo al Hipódromo del Parque 9 de Julio, donde la banda se presentó por primera vez en la provincia. No era una escapada cualquiera. Detrás de cada asiento había una historia, una amistad, una bandera o esa necesidad difícil de explicar que lleva a miles de personas a recorrer kilómetros para encontrarse con una música que ya forma parte de sus vidas.

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Tucumán recibió a fanáticos llegados de distintos puntos del país. Las tonadas se mezclaron, las remeras ricoteras funcionaron como contraseña y las conversaciones encontraron rápidamente un idioma común. En ese paisaje, los jujeños también dijeron presente, con La Familia Manija como referencia para organizar el viaje y reunir a quienes compartían una misma devoción musical.

Porque el recital empieza bastante antes de llegar al predio. Empieza con la organización, los mensajes, la expectativa y las horas de ruta. Empieza cuando un viaje deja de ser simplemente un traslado y se convierte en una experiencia colectiva. Y para quienes salieron desde Jujuy, cada kilómetro fue parte de esa historia.

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Cuando Los Fundamentalistas subieron al escenario, el Hipódromo se transformó en el territorio de una liturgia conocida. Las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota volvieron a enlazar generaciones, mientras el repertorio de la banda encontraba respuesta en miles de voces. Temas como “Un ángel para tu soledad”, “El pibe de los astilleros”, “Ella debe estar tan linda” y “El tesoro de los inocentes” formaron parte de una noche en la que la memoria y el presente compartieron escenario.

No hacía falta que todos se conocieran para sentirse parte de lo mismo. Esa es una de las particularidades del universo ricotero: desconocidos que se reconocen en una canción, grupos que se encuentran después de meses de organizar un viaje y familias donde la pasión pasa de una generación a otra.

Para los jujeños, la experiencia tuvo además el valor del reencuentro con una comunidad que no termina en los límites de la provincia. La distancia geográfica quedó en segundo plano frente a una identidad musical que se sostiene en los recitales, pero también en todo lo que sucede alrededor de ellos.

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La Familia Manija fue parte de ese movimiento: el de quienes hacen posible que la pasión salga de casa, se suba a un micro y llegue hasta otra provincia para compartir una noche de música.

Casi 300 jujeños viajaron a Tucumán. La cifra alcanza para dimensionar la convocatoria, pero no para contar todo lo que hubo detrás: las horas de camino, la expectativa acumulada, los abrazos del encuentro y las canciones cantadas junto a miles de personas que, por una noche, parecieron conocerse desde siempre.

Al final, el mapa vuelve a separar a Jujuy de Tucumán. Los micros emprenden el regreso y cada viajero se lleva sus propias imágenes. Pero hay algo que no queda en el Hipódromo ni se mide en kilómetros: la certeza de haber sido parte de una noche compartida.

Porque para los ricoteros, a veces, el destino es apenas una excusa.

Lo importante es el camino, la gente que lo acompaña y esa canción que, incluso después de volver a casa, sigue sonando por dentro.


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